“Lámparas ideales”, de Mercedes Halfon

Ya pasó la noche pero el cielo
sigue demostrando su altura

Cubierta de Mercedes Halfon-1Acercarse a la poesía de Mercedes Halfon supone constatar estas palabras del prólogo de Lámparas ideales (a cargo de Luis Chaves): “nos muestra todos esos momentos de la vida hechos para desvanecerse”. Esa actitud contemplativa se hace evidente en los primeros poemas del libro: una suerte de movimientos perezosos con las pantuflas calzadas, el índice señalando lo poético en lo cotidiano y “el papel de un alfajor arrastrado por el viento” como la inolvidable bolsa de American Beauty. Pronto se descubre que esa preferencia por lo volátil no solo es de tipo espiritual, sino que viene marcada por cierta marginalidad en las condiciones materiales (“Estoy fumando nafta con una amiga”). Se revela entonces la impotencia frente a una realidad llamada a la extinción y cuya única migaja será la lejanía del recuerdo (“Agarrar viene de garra”). Esta clarividencia que otorga la certeza de la muerte viene acompañada en algunas ocasiones de temas recurrentes (la soledad o la noche) y en otras de motivos místicos (el alimento, la naturaleza) que son el preludio de la ascensión.

¿Será que cavilabas en la barra de aquel bar
con la copa medio tibia
que dejaste para ir a caminar
por pasillos espejados aferrada
a la idea de los días que iban a caer?

No dudabas
El viento empujó tu cuerpo como una ceniza.

Fotos de tu casa con los muebles cambiando de lugar

Suceden a estos poemas otros de impresiones fugaces y las resacas de varias desapariciones, pero también hay lugar para la ironía y un particular humor (“Una lámpara para ver situaciones no ideales”) a veces extensible a los lenguajes reales o aparentes (“Volvimos a la escena del crimen”). La casa es un lugar (casi un cuerpo) en “Lámparas ideales”, un espacio que en algún poema (como el que se reproduce a continuación) recuerda a aquellas palabras de Duras: “La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura”.

Donde están las plantas y el sol
pero insiste en entrar
donde escribo en penumbras
y no quiero ser molestada
por primera vez en mi vida tengo un lugar
un poco sucio donde vengo a pensar en mis cosas
puedo fumar sin que esto sea un problema para nadie
es una casa bella pero descuidada,
pienso en la casa como un sustantivo
una casa es un sustantivo
mucho mejor que decir casa bella
es decir casa
mejor que decir luminosa
es decir luz.

Me parece que el gato debe quedarse afuera

Esta idea de lo corpóreo se desarrolla especialmente en un segundo y breve capítulo a modo de epílogo (“Ritcher”), donde la casa antes nombrada se vuelve un órgano trémulo, entre el desperezo y el seísmo, y ese temblor primigenio se extiende, pasando por el vuelo de una mosca o la idea de fin, hasta llegar al estatismo de los árboles como forma de ataraxia. No obstante, como bien avisa el prólogo, la conciencia de la temporalidad, de cómo el tiempo es capaz de construir antípodas a partir de posiciones idénticas, es el elemento transversal del libro (“Nuestro pin up”). Aquí es donde la mirada de la poeta se detiene en la ligereza natural y en sus cualidades plásticas, en detales mínimos y en alusiones veladas al propio proceso de escritura (“Escuela de surf” y “Estaba en el aire pero”).