Poema de María Agra-Fagúndez

UN HOMBRE CON OLOR A MAR

¿Dónde está la mano que nos mece
para encontrarnos?
Amor, vamos a salvarnos;
después llegará el epicentro
del invierno,
que no debes olvidar
que antecede al verano,
que cada estación tiene su momento,
su bienestar y su enseñanza
para la siguiente sucesión de estaciones
que alguien quiso llamar año;
porque los años, amor, en que nos mecemos,
tienen su importancia.
No temas, vamos a salvarnos;
no de la muerte, que vendrá
con su túnica blanca de novia;
nos salvaremos de la vida,
que habrá existido
en un cuerpo nutrido de mar,
de baños en el mar al anochecer,
de flotar con las estrellas
manteniéndonos,
mientras los deseos que otros pidieron
cuelgan,
incumplidos.
Porque los ensimismados
piden deseos a las estrellas fugaces,
estrellas que se mueren, que se van,
que se acaban,
que ya no tienen tiempo.
¿Quién pediría un milagro a un moribundo?,
¿quién se acercaría a un lecho de muerte a pedir un deseo?
Un tiempo, otro tiempo, otro de esos años
en que se mecía mi vida,
conocí a un hombre con olor a estrellas fugaces;
poética manera de nombrar un amor
que tiende al fracaso.
Por eso, amor, vamos a salvarnos,
sin pedir deseos ni milagros a estrellas fugaces
que cuelgan deseos no cumplidos
de los olvidados.
Que llegue la mano que nos mece,
con la relativa importancia de los años
y que siempre sea invierno y primavera
y nunca esperemos la muerte
para que, cuando llegue, amor, cuando llegue,
nos salve de la vida.

© María Agra-Fagúndez, 2018