Este año se ha publicado la segunda edición de la novela de Olira Blesa, Inés más allá del firmamento de agua, cuya presentación tuvo lugar hace unos meses en la librería Lé, donde tuve el privilegio de encontrarme. El acto supuso una doble alegría, porque la presentación de la segunda edición estaba prevista hace dos años, pero hubo de cancelarse debido al gran confinamiento de 2020.

Se trata de una edición estupenda, comenzando por la colección: Alba y Mayo, de Ediciones de la Torre, es una de las colecciones de literatura infantil más célebres de España, que ya tiene una historia. Toma su nombre de un verso de Miguel Hernández y muchos adultos la recuerdan por ser la colección en la que se publicó Miguel Hernández para niños, Rafael Alberti para niños, y tantos otros poetas. Es un lujo formar parte de una colección que puede considerarse ya histórica en España. Una colección en la que, además, las ilustraciones tienen un papel fundamental. En el caso de esta novela, intervienen dos ilustradoras, autoras de dos tipos muy distintos de ilustraciones que conviven. No es una decisión casual; la propia autora explica la razón en su prólogo: “El mundo del Firmamento de Agua tiene dos zonas, como el propio juego de las damas o el ajedrez, pero en lugar de blanco y negro, las zonas se dividen en la zona realista (donde predomina la humanización de las damas) y la zona antirrealista (donde la esencia de las damas se manifiesta en lo antropomórfico desde lo sobrenatural). Serás tú, lector, quien elija desde qué lado del tablero querrás que se desplace Inés y en qué forma se manifiesta la realidad del Firmamento de Agua: con las damas humanas con las damas sobrenaturales”. Dos perspectivas, pues, dos caminos abiertos para el lector, trazados por las magníficas Nerea Aguilar y Rosa Nevado.

Las ilustraciones, pues, son fundamentales en esta novela, forman parte de su esencia, del mismo modo que lo eran en la novela que se homenajea. Porque Inés más allá del firmamento de agua es un clarísimo homenaje a Lewis Carroll, el autor de Alicia en el país de las maravillas. No es un descubrimiento mío, sino que en la propia novela se menciona varias veces a Alicia. Carroll es un autor fundamental en la trayectoria de Olira Blesa, cuyo doctorado versó, precisamente, sobre el lenguaje imaginario y la literatura de ficción antirrealista. La historia comienza con Inés persiguiendo en la piscina a un ratoncito de luz que, igual que el conejo blanco a Alicia, la guía desde la realidad a un mundo fantástico lleno de criaturas extraordinarias donde nada es lo que parece. El particular país de las maravillas de Olira Blesa: doce territorios con doce damas (como el juego de las damas) que le plantean una serie de retos para poder volver a casa. Además, la personalidad de Inés tiene mucho en común con la de Alicia: la misma curiosidad, la misma valentía, incluso la misma baja tolerancia a la frustración. Hay muchas situaciones y personajes que desafían la lógica y que me han recordado clarísimamente a los libros de Carroll. Por citar una, el momento en el que Inés trata de orientarse con un mapa y una de las damas, la Dama del Tiempo, empieza a confundirla con las direcciones, del mismo modo que hiciera el Gato de Cheshire con Alicia.

Pero además de inspirarse en Carroll y en tus otros autores de cabecera, como Barry o Laura Gallego, autores también de fantasía, hay una inspiración real. Esto creo que es inherente a los novelistas. De alguna forma, nuestros personajes, y aquí me incluyo, suelen estar basados en personas que conocemos. También existe una niña real que inspiró la creación de la pequeña Inés. Y por encima, toneladas de imaginación que ya van sorprendiendo al lector desde el principio. Por ejemplo, nada más entrar en el Firmamento de Agua, Inés descubre que la hierba es una hierba de luz. Es algo que me llamó mucho la atención cuando lo leí. Vi incluso alguna reminiscencia con ese mundo fantástico de Roald Dahl, al que no hemos mencionado, pero creo que podría encajar también. Olira no se poner barreras, sino que deja fluir totalmente su imaginación y esto se aprecia muy bien en los propios personajes de las damas, originalísimos y cada uno con sus características. Son doce: la Dama Árbol, la Dama Artificio, la Dama Deportista, la Dama del Cerezo, la Dama del Tiempo, la Dama de la Historia, la Dama Maquinista, la Dama Múltiple, la Dama del Hogar, la Dama Visionaria, la Dama de las profundidades y, por último, la Dama Pérdida, que es la que crea más misterio porque es la que Inés va buscando hasta el final del libro. Así que, para no revelaros el final, no voy a decir si la llega o no a encontrar… Cada una de las damas es sorprendente, crea unas expectativas al lector, una curiosidad de cómo será la siguiente…

En síntesis, es una novela que puede disfrutar cualquier amante de la lectura, independientemente de su edad. Porque la fantasía al final es un refugio para todos. Decía Luis Cernuda: “La realidad no es nunca lo suficientemente amplia y diversa para que ella nos baste por sí sola. Es necesario ese margen misterioso, de vagas luces y vagas sombras, delicado, exigente y voraz, que la imaginación proporciona. […]”. Y eso es lo que nos puede dar Inés más allá del firmamento de agua.

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